Poder y retiro laboral

Autor: Ricardo Cortés Reyes

Publicado: 9 Dic, 2024

Pertenecer a una organización, independientemente del cargo, genera no solo un estilo de trabajo, un estilo de vida, que a pesar de los gozosos y sinsabores del día a día, produce retribuciones no solo económicas, sino emocionales.

Una de esas retribuciones es que pertenecer a una empresa, otorga poder.

Las empresas son jerárquicas, y en el rol, cada persona administra una dosis más o menos grande de poder.

Es el poder de tener el conocimiento y la experiencia, el que produce un status.

Los líderes que tienen personas a cargo entienden bien el empoderamiento, la fuerza, el peso específico que se desprende de su cargo.

Pero quienes no tienen personas a cargo, también administran un poder, cuyo referente se circunscribe al cargo.

Ese peso específico es poder y el poder siempre está ahí. Todos lo reconocen, lo palpan, lo leen en el comportamiento no solo de los líderes, y por ello, todos lo juzgan, lo envidian, lo desean, lo buscan, lo imitan, lo honran o lo deshonran.

El poder es para poder, dice el refrán popular. De manera que la posibilidad de perderlo, soltarlo, produce miedo, ansiedad, incertidumbre. Pensionarse, es de laguna manera, renunciar al poder.

Dichas emociones, que pueden llegar a experimentarse como una “montaña rusa”, son proporcionales al nivel jerárquico del cargo, que se ostente en la empresa.

Cuando llega la edad y el momento del retiro forzoso, este elemento necesita ser visto y digerido para estar listo a dar el paso de renunciar al poder, que el tiempo, el conocimiento, la experiencia, la experticia, el liderazgo, la pertenencia, la visibilidad, el respeto o el temor, el buen o el mal trato, amasaron en el tiempo.

El tiempo es inexorable y dicta sentencia. Hace real el hecho fundamental de que las empresas perduran, pero las personas pasan.

La aceptación de este hecho contundente, no está exento de dolor, de incertidumbre, de negación -creerse el cuento de que sin mí, la empresa no será tan próspera- que necesita transitar hacia la aceptación de que esta fase de la vida terminó y ahora hay un imperativo existencial que necesita ser resuelto.

Perder el estatus que da el carnet empresarial, es verse abocado a soltar una armadura que la persona cree que hace parte de su ser y no es fácil aceptar que cuando termina la etapa laboral, vuelve a ser “yo mismo” y “yo solo”.

Se pierde la investidura; usted deja de ser “su cargo” y el reto es reincorporarse a la vida como usted mismo, pero de una manera distinta, constructiva y activa.

Con todo el acervo -que necesita ser visto, valorado, aceptado, respetado- hay que ser capaz de volver a comenzar de nuevo. Allí está el verdadero poder, en su ser personal. Urge, soltar el cargo, la investidura.

Dejar la vida laboral pide hacer un duelo anticipatorio y un duelo real cuando el momento llega.

El nuevo poder, ahora solo depende de usted y si no hay plan de vida, si no hay sueños por realizar, la persona queda anclada al pasado. A un pasado fantasma, que no deja en paz, que quita el sueño, que afecta las emociones y la salud -la enfermedad es un indicio-, que afecta las relaciones con otros, esos otros que son su familia.

A los suyos también les cuesta, ellos también experimentan incertidumbre, ansiedad. El sistema familiar se mueve, se sacude, se desajusta, se amenaza.

Atrás del logro de obtener la pensión, que se festeja y se congratula, hay también una experiencia de soledad que necesita ser vista y sobre todo, resuelta. La dicha de lograr la pensión tiene su lado oscuro si no hay plan para lo que sigue.

No se resuelve el día del retiro laboral; ese día necesita preparación, capacidad de adaptación, y se concreta en tener proyecto de vida hacia el futuro.

La crisis de carecer del poder que otorga el cargo, solo se amaina si la persona descubre que hay nuevos motivos que llevarán a la acción; a ocupar con sentido su tiempo, ese que ahora le puede llevar al desespero, a la nostalgia del poder, si no hay pasión en la novedad de una nueva tarea.

Mire con gratitud su vida laboral, las empresas que le acogieron, le formaron, le mostraron oportunidades, le volvieron “sabio” en su quehacer. Sin esa gratitud, no es posible emprender nuevos proyectos; encontrar otras pasiones que seguramente le estaban aguardando.

Independientemente de su proyecto, haga conciencia de que merece calidad de vida con usted y con los suyos. Arriesgue porque es hora de mostrar de qué está realmente hecho (a). Ser productivo desde su ser humano, es una pista fuerte para asumir esta nueva etapa de su vida, porque hay mucho por hacer, por usted y por otros.