Lo humano está cruzado por emociones. En general no estamos entrenados para ver nuestras emociones, pero menos, estamos entrenados para conectar la historia personal, familiar, laboral, social etc., con las emociones que de allí se derivan.
En lo personal, el cuerpo no solo lleva la cuenta, sino que se encarga de hacernos sentir emociones que se concretan en síntomas, que son alarmas que piden atención y necesitamos aprender a leer, porque pueden resultar cruciales para la salud física y emocional.
En la vida de pareja, también las emociones le hablan a la relación, pero en general no estamos entrenados para descubrir y sobre todo para fortalecer o corregir asuntos, que ambos saben que están en desorden, que producen exclusiones y desequilibrios que desconectan la relación.
En una empresa, el clima laboral, es esa radiografía que dice, entre otras, cómo están las emociones entre las personas de las diferentes áreas y del todo de la organización. La ventaja en las organizaciones es que los síntomas, los indicadores de gestión, el clima laboral, se pueden medir y, de hecho, se elaboran planes de acción para hacer ajustes que favorezcan no solo las metas y resultados organizacionales, sino el grado de satisfacción o insatisfacción en las personas. El bienestar laboral puede ser algo muy concreto o muy etéreo en una organización, y en ambos casos, hay consecuencias.
En una empresa familiar, el tema de la Transición Generacional, también muestra síntomas, señales, indicios más o menos claros de su necesidad o urgencia, entre las partes interesadas: el fundador o socios fundadores, su núcleo familiar, su familia extensa, los trabajadores -especialmente aquellas personas que estaban cuando el negocio arrancó- los proveedores etc.
Los síntomas, señales e indicios, están cruzados por emociones que se verbalizan o no, se explicitan o se manejan en voz baja en los pasillos, y por ello, se manifiestan como secreto, respeto, temor, amenaza, incertidumbre, tensiones, egos, aspiraciones. Cada quien toma partido emocionalmente, entonces la montaña rusa de emociones, produce efectos, porque en una organización, todo comunica.
La síntesis de la incertidumbre se concreta en un “¿qué va a suceder conmigo y con la empresa?” que aplica a cada persona; el fundador o socios fundadores, sus cónyuges, sus hijos, sus parejas y nietos y cada persona que hace parte de la empresa familiar. Cada quien vive la experiencia con distintas emociones, en diferentes intensidades.
La transición familiar en las empresas colombianas: entre el corazón, la razón y el futuro.
En Colombia, como lo hemos comentado anteriormente muchas de las empresas que hoy sostienen la economía nacional tienen un origen profundamente familiar. Padres que comenzaron desde cero, hijos que crecieron entre oficinas, cultivos o talleres, y generaciones...




