A propósito de predecir

Autor: Ricardo Cortés Reyes

Publicado: 12 Nov, 2022

*Ricardo Cortés Reyes.

Si alguien tuvo una relación de pareja y no se da permiso de aprender, de respetar la historia compartida, de abandonar conscientemente los enojos de la ruptura, de permitir y permitirse ser papá y mamá de los hijos comunes, entre otras, hay consecuencias. Por ejemplo, los hijos cargan los enojos de los padres; y si éstos, establecen una nueva relación conyugal, por el antecedente, la nueva relación se ve amenazada y en más de una ocasión, la película se repite, es decir, lo que conscientemente, no se sana, lo que no se cierra con respeto y sin enojos, tiende a repetirse.

Si muchas mujeres de la familia están enojadas con los hombres de la familia, los hombres de la familia se hacen distantes, abandonan, maltratan; ¿Como quién? como una abuela con un abuelo, como mi mamá con mi papá, como algunas tías con sus parejas, como mi pareja uno y mi pareja dos, conmigo. Como los enojos mutuos están conectados, hay buenas posibilidades que otras personas del sistema los reproduzcan, cuando elijan pareja. Maltrato y abandono van de la mano generacionalmente.

Cuando los padres tienen dolores sin resolver, les cuesta dejar partir a los hijos; entonces éstos no pueden ver que para ser adulto hay que dejar a padre y  madre y no están listos para establecer una relación conyugal duradera y estable.

El origen de muchos dolores sin resolver, están en la infancia; allá donde sucedieron eventos muy gratificantes y donde también hubo sensaciones dolorosas que no eran comprendidas o recordadas, pero sí asumidas en términos de:

Infancia

Vida adulta

“qué más tengo que hacer para dar la talla a mis padres”“siempre me pregunto si doy la talla profesionalmente, si le doy la talla a mi pareja, si ella me da la talla a mi”
“me enojaba con papá por lo que le hacía a mamá, pero a veces me enojaba más con ella, por dejarse”“Ahora que soy adulto (a) me enojo conmigo mismo (a) cuando me dejo de…”
“mamá prefería a otro hermano (a)”“no puedo con las injusticias”
“mis papás eran muy exigentes conmigo”“soy muy exigente, muy poco benigno conmigo mismo (a), me juzgo duro”
“de niño (a), me dolía que a mi papá y a mi mamá les doliera”“me enoja que sigo cargando a mis papás, ahora que están viejos y parecen niños”.

Predecir, intuir lo que va a suceder  a partir de lo expuesto, permite corregir el rumbo, sanar para que las generaciones que vienen lo hagan distinto, dándose la oportunidad de aprender de todo aquello que salió bien y de todo aquello que no fue logrado. En una palabra, cada quien merece dejar de cargar los agobios de lo que no le compete, de los daños que ya pasaron y cada quien merece hacerlo distinto, para no repetir lealmente experiencias, emociones, comportamientos de otras personas de la familia.

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