Cuando la innovación no es progreso

Autor: Arie Klop

Publicado: 3 Mar, 2023

Un fenómeno creciente, pero no nuevo, en muchas ciudades del país, es la motorización de los llamados triciclos que prestan servicios de transporte público en muchas zonas, con el ánimo de “acercar” a los usuarios que utilizan el servicio público, a sus hogares u  otros destinos, según necesidades que tienen como consigna, “ganar tiempo”. A pesar de las advertencias de las Alcaldías, que los consideran vehículos ilegales, siguen “aliviando” o “complicando” la movilidad.

Durante la pandemia empezó a surgir un nuevo fenómeno: el bicimoto, o sea una bicicleta con un pequeño motor de dos tiempos, que no es ni moto, ni bicicleta. La utilizan las personas que trabajan como mensajeros, en entrega rápida de alimentos y otros muchos productos que solicitamos por una app. Venden los kits de motor de 80cc por Internet, a precios cómodos, de menos de un millón de pesos.

La misma tecnología de “motorización”, es decir, añadir motor y otras partes de una motocicleta reciclada, se aplica a las “zorras”, o “carritos” para recoger materiales de reciclaje. Hace algunos años, la Alcaldía de Bogotá prohibió el uso de caballos para este tipo de transporte y llegó a ofrecer triciclos eléctricos para los recicladores; sin embargo, muchos de ellos optaron por recurrir a una “tecnología casera” para motorizar sus vehículos de trabajo.

Esta “tecnología” podría ser considerada innovación, en la medida en que son iniciativas que buscan mejorar las condiciones de trabajo de los conductores de estos vehículos improvisados, que prometen hacer más eficiente sus labores. Es verdad que ahorran  esfuerzo físico, ya no tienen que pedalear, empujar o jalar su medio de transporte y, en consecuencia, aumentan su velocidad, con lo que podrán atender a más clientes en el mismo tiempo, ampliando así sus posibilidades de ingreso. Desde su punto de vista, es sin duda, una mejora.

Pero, si lo analizamos desde otra óptica, tendremos que concluir que estas innovaciones no pueden ser consideradas progreso; al contrario, son más bien un retroceso en términos de seguridad, salud pública y medio ambiente.

En cuanto a la seguridad hay dos aspectos a tener en cuenta, el primero es la seguridad de la persona que maneja el vehículo y sus eventuales pasajeros o acompañantes. La manera improvisada de adaptar los respectivos vehículos (sea bicicleta, triciclo o carretón) con un motor de combustión y sistema de transmisión, sin cumplir con ninguna norma técnica, sin revisión por alguna autoridad o registro oficial, no da ninguna garantía de seguridad física para sus ocupantes. Al contrario, una simple inspección a estas estructuras débiles e inadecuadas que se manejan a velocidades riesgosas por la ciudad, indican que son un peligro latente para las personas que se atreven o necesitan utilizarlas. Además, falta claridad sobre la categoría de estos vehículos, ¿son bicicletas, son motos?, ¿cuál es su lugar? de hecho, los vemos alternativamente en la calle, en la ciclo ruta, o en el andén;  al parecer, las autoridades no priorizan la reglamentación, ni el control de estos vehículos de dudosa legalidad. ¿Incapacidad del estado versus acciones de facto de los rebuscadores de oportunidades para encontrar un trabajo y satisfacer sus necesidades básicas?

Los motores de combustión de dos tiempos están catalogados entre los más contaminantes en el mercado y el mal diseño de los kits ofrecidos, sin silenciador adecuado, los hacen extremadamente ruidosos. De la misma forma, la adaptación improvisada de partes de motos recicladas – también de dudosa procedencia – no da garantía de cumplir con las normas de emisiones de gases y micro partículas. Así las cosas, estos vehículos “innovados” aportan desproporcionadamente a la contaminación del ambiente, afectando la salud pública y acelerando el cambio climático.

Recapitulando, podemos concluir que este tipo de innovación, plantea retos que invitan a ampliar la sana y necesaria reflexión:
    Son un peligro latente para sus operarios y para los transeúntes.
    No cuentan con autorizaciones o registros, no cumplen con las normas de tránsito. Estimulan prácticas ilegales como el “reciclaje” de motocicletas robadas.
    ¿Son impotentes las administraciones distritales para controlar este tipo de operación?
    ¿Se permiten soterradamente, porque prima el derecho al trabajo de un número importante de personas, que justamente, son marginados sociales de oportunidades de trabajo digno y estable?
    Contaminan la ciudad, generando problemas de salud pública.
    No mejoran de fondo las condiciones laborales de los operarios, los mantienen en la informalidad y los expone a la inseguridad e ilegalidad.
    ¿Fue este ejercicio, adicionalmente, otra forma de hacer una radiografía de nuestra inequitativa sociedad?

En conclusión, lo que a primera vista podría confundirse con innovación trae en realidad un retroceso a niveles, técnicos, legales, ambientales y humanos. Por lo tanto, en INNOVATE SENIOR analizamos la situación de nuestros clientes con una mirada integral, antes de proponer cualquier cambio, ya que no todo lo que parece ser innovación es también progreso.