ELEMENTOS PARA ATACAR LA CORRUPCIÓN: LA FE PÚBLICA Y LA CONFIANZA – Compromiso de todos los colombianos.

Autor: Innovate Senior 5.0

Publicado: 12 Ago, 2022

*Clara Emilia Triana Ortíz. Contador Público.

*José Francisco Chalela Mantilla. Abogado.

Ante la reiterada inquietud de quienes requieren entender lo que es dar Fe Pública de sus actos y la necesidad de los Contadores Públicos de lograr explicar esta obligación, en el ejercicio de su función, cabe definirla y señalar algunas consecuencias de no atender en forma debida la responsabilidad que el Estado Colombiano les delega. La Fe Pública bien entendida y aplicada, es un elemento más para parar la corrupción en los negocios.

Importante indicar la diferencia entre Fe Pública y Confianza.

Los conceptos de Fe Pública y Confianza son diferentes, pero están íntimamente vinculados

La Fe Pública es un bien jurídico de carácter general que implica una función del dominio del Estado, que éste delega en personas moral y éticamente intachables.

La Fe Pública se atesta cuando una afirmación contenida en un instrumento, se tiene como verdad legal o jurídica, frente a todas las personas, porque está basada en el cumplimiento de presupuestos y normas que la ley generalmente define. De allí la importancia de la función delegada al Contador Público sobre lo contable y financiero y a los Notarios sobre lo jurídico.

Se diferencia de “la buena fe”, que no es una norma, sino un principio de fundamento ético, con importante efecto en lo jurídico, consistente en la convicción o conciencia de estar obrando con honestidad y lealtad para no perjudicar a otro y no defraudar la ley. La Fe Pública es la manifestación tácita de la creencia indubitable de una comunidad sobre lo que certifica, atesta, dictamina u opina, la persona a quien la ley ha investido con tan alta responsabilidad por sus calidades de integridad y rectitud en sus juicios. Por esta razón, la fe pública conlleva responsabilidad jurídica frente a su defraudación por la incidencia directa e indirecta en quien la recibe y usa, confiado en la veracidad de lo afirmado o negado. Quien falta a ella comete una conducta punible enmarcada dentro de la falsedad.

Para el ejercicio de la función de garante de la Fe Pública, es requisito la confianza que da la seguridad o esperanza firme que alguien tiene en otro individuo o en una institución. La buena fe está íntimamente ligada a la confianza como fundamento generador de ella entre el Estado y sus ciudadanos. Quien es digno de esa confianza pública lo es en aquello que se le reconoce idóneo y merecedor para ejercer la función inherente a la Fe Pública.

La confianza pública es previa a la Fe Pública; proviene de la sociedad, en tanto la fe es recibida del Estado como reconocimiento legal a la autoridad de quien ha sido merecedor de ella.

La función del Contador Público en relación con la Fe Pública.

En materia financiera y contable es el Contador Público el único facultado para dar Fe Pública, teniendo en cuenta lo previsto en el artículo 2º de la Ley 43 de 1990. En los términos del artículo 1º de la misma Ley, se entiende por Contador Público la persona natural que, mediante la inscripción que acredite su competencia profesional, está facultada para dar Fe Pública de hechos propios del ámbito de su profesión y realizar las demás actividades relacionadas con la ciencia contable en general. Es decir, todas aquellas que implican organización, revisión y control de contabilidades, certificaciones y dictámenes sobre estados financieros, certificaciones expedidas con fundamentos en los libros de contabilidad, revisoría fiscal, prestación de servicios de auditoría, así como todas aquellas actividades conexas con la naturaleza de la función profesional del contador público, tales como asesoría tributaria y gerencial en aspectos contables y similares.

La obligación del Contador Público es velar por los intereses económicos de la comunidad, entendiéndose por esta no solamente a las personas naturales o jurídicas vinculadas directamente a la empresa, sino a la sociedad en general y al Estado.

La Fe Pública se da en función del atestiguamiento o testificación; es decir, da testimonio sobre un hecho o acto que debió ejecutar otra persona conforme a principios preestablecidos. Significa que el emisor de la Fe Pública en materia contable, tuvo relación visual con el acto o los actos sobre los que produce dicho testimonio. El Contador Público, es depositario de la confianza pública y da Fe Pública, cuando con su firma y número de tarjeta profesional suscribe un documento en el que certifica la veracidad de determinados hechos económicos. La firma en los actos propios de la profesión hará presumir, salvo prueba en contrario, que el acto respectivo se ajusta a los requisitos legales, lo mismo que a los estatutarios en el caso de personas jurídicas. De allí se deduce el valor de su ética profesional.

El ejercicio de la contaduría pública implica una función social, especialmente a través de la Fe Pública en beneficio del orden y la seguridad en las relaciones económicas entre el Estado y los particulares o de estos entre sí. De ahí que el principio de la Fe Publica conlleva una forzosa credibilidad, a menos que se demuestre lo contrario sobre lo que certifica, dictamina o atesta, cuya afirmación debe estar soportada en documentos más conocidos técnicamente como papeles de trabajo.

La función de depositario de la Fe Pública en materias jurídicas.

En materia civil, el Notario Público ejerce la función de dar Fe Pública, de tal suerte que los actos que verifique se presuman verdaderos, ciertos y reales, con base en la seguridad jurídica que brinda.

La función del Notario es, en esencia, la misma del Contador Público, con sus mismos efectos en cuanto a la generación de confianza pública, pero respecto de los actos jurídicos, las declaraciones de las personas en nombre propio o de quienes representan, las certificaciones y en general todos los hechos, que de conformidad con la ley o por voluntad propia de los ciudadanos, se otorguen para verificación en su presencia.

El Notario es un funcionario público a quien el Estado, delega la responsabilidad altísima de dar Fe Pública sobre la existencia y veracidad de esos actos en la forma como se declaren, de manera que lo que en ellos consta sea suficiente para generar confianza en toda la comunidad. Aclarando, sin embargo, que es una función formal pues el Notario da fe de la existencia y validez del acto otorgado, pero no asume responsabilidad sobre su contenido. Esto explica que en nuestra legislación civil desde sus inicios en 1887, se admite la validez de contraescrituras privadas entre particulares, pero nunca son oponibles a los terceros que de buena fe, actuaron jurídicamente con base en lo que consta en el documento notarial. El Notario está al servicio del Derecho, como depositario de la Fé Pública, y no de las personas que concurren a su presencia.

La responsabilidad como garante o depositario de o depositario de la Fe Pública debe ejercerse de conformidad con las normas legales que reglamentan su función, en especial el Decreto 960 de 1970, conocido como el Estatuto del Notariado, y es de tan significativa importancia, que si en ejercicio abusivo de su cargo, realiza funciones no contempladas en dicho Estatuto y las normas que lo modifiquen,  incurre en un delito de Abuso de la Función Pública, sancionado con pena privativa de la libertad y la inhabilitación para ejercer derechos y funciones públicas por un largo período.

Desde el punto de vista práctico, dado el desarrollo de las tecnologías modernas y la dinámica de los negocios, manteniendo como se mantienen los requisitos formales que por ley o costumbre llevan a la intervención de los Notarios, se hacen indispensables revisiones y quizás reformas al sistema del notariado, para eliminar trámites innecesarios, sobre cargo de tareas notariales y gastos que incrementan los costos de las operaciones comerciales y que muchas veces facilitan la corrupción. Vale intensificar esta norma en la academia para dar a conocer los compromisos de aplicar la Fe publica con todas sus consecuencias.