Emprender, ¿equipo o llanero solitario? (1)

Autor: Ricardo Cortés Reyes

Publicado: 16 Dic, 2022

Todos conocemos emprendedores exitosos. Sin embargo, también hay emprendedores con el sello de “llaneros solitarios” que tienen ideas y proyectos que hubieran podido tener futuro, pero desafortunadamente, no encontraron el éxito porque se quedaron en una fase individualista, cerrada, secreta, incompleta, en donde el temor a que otros se “apoderen” de la idea o del proyecto, nunca entendieron que los llaneros solitarios no llegan lejos, porque hacer que un proyecto produzca frutos es -además de otros ingredientes- un trabajo de equipo.

En un mundo conectado, relacional, es claro que cada vez más, los equipos y sus sinergias, producen resultados y logros porque el sistema es más -y mucho- que la suma de las partes.

La educación y el entrenamiento para trabajar en equipo tiene un déficit y éste se convierte en un reto que merece tocar las fibras de la sociedad en todos los órdenes. Es el trabajo en equipo el que produce réditos que hacen avanzar empresas, proyectos, sociedades e incluso a la especie humana; hoy tenemos retos globales que necesitan de las sinergias de la humanidad.

El cambio climático, el covid 19, para nombrar solo dos asuntos que impactan la humanidad entera, necesitan un frente común y la participación de todos; es posible que la ausencia de esta alineación es la que aún estamos en camino de aprender como comunidad humana, para encontrar soluciones adecuadas que además de salvar vidas, pongan a salvo la especie.

Hay emprendedores brillantes que logran resultados que se cristalizan en empresas que otros intentaron y no lograron. La razón está en que quien emprende con éxito, es de alguna manera un visionario: ve lo que otros no logran ver. Los visionarios son inspiradores.

Pero no hay emprendedor que lo vea todo. El emprendedor que crea que lo ve todo, se convierte en llanero solitario. Allí puede estar la diferencia y la urgencia e importancia vital, de permitir que otros le ayuden a completar la visión de su  proyecto. La pluralidad de miradas es parte de la riqueza que los años de experiencia y el conocimiento, enseñan y muestran, para alcanzar logros insospechados.

Es indudable que su sueño/emprendimiento es suyo y usted lo ha visualizado por largo tiempo; es como ir armando un rompecabezas en donde poco a poco las piezas se ajustan, hasta que llega el momento en que quien emprende, puede contar su proyecto de manera coherente para sí mismo y para otros. El proyecto tiene rostro y pide un nombre. El “diseño” tiene forma y quien emprende lo puede observar desde muchos ángulos y percibe si se “sostiene”, si es consistente, si va camino a ser viable y “aguanta” los embates de la crítica de los más cercanos y más tarde, los embates del mercado.

El mercado, la prueba cumbre. Allí donde el sueño busca el mar para navegar y llegar a un destino deseable, cierto, creíble y posible. Es el mercado quien define si hay o no producto o servicio apetecible para los clientes. Los jueces supremos de la oferta de quien emprende. Allí no hay acciones neutras, solo aceptación o rechazo. Los clientes son jueces, y a la vez, termómetros de la valoración cierta del producto. Ellos definen el valor de la marca y su consistencia.

Todos los proyectos tienen un tiempo de maduración, antes de ser llevados a la acción, al mundo de lo concreto.

Es razonable cuidar con celo su idea, su proyecto, su gesto visionario, su olfato para ser tercamente positivo y creer que su producto tendrá futuro.

El tiempo de maduración es ese período necesario para que en el momento justo, sea sometido a la mirada de otros; esa mirada es fundamental. Llegó la hora en que otros evalúen su “visión” y le permitan ver esa parte del todo que usted por sí solo no logra percibir. Es allí donde se articulan “otros saberes”, otras ciencias, otras tecnologías, otras experiencias, otras opciones, que si se articulan de manera organizada, metódica y selectiva, enriquecen y hacen viable el proyecto.

Entonces ese paso adicional hacia un “afuera incierto”, es el lugar donde la consistencia se palpa. Pero es también la gran oportunidad de articular las miradas que lo harán sostenible. La experiencia se enriquece si usted se muestra como el líder que generó esa visión, que se convertirá en producto y marca, a condición de que usted logre entender y aceptar que hay unos “otros” que lo enriquecerán, lo cual pide de su parte, flexibilidad y humildad. Un arte que también merece entrenamiento, conciencia, espacio real en la vida de las personas.