La cultura del auto cuidado, es preludio y requisito del cuidado de la casa común.

Autor: Ricardo Cortés Reyes

Publicado: 13 Oct, 2023

Cuidar la casa común, es un reto mayúsculo de la humanidad. Estamos en mora de tomar en serio personal, social y comunitariamente la urgente necesidad de restaurar el equilibrio que le permita a los habitantes de la casa común, experimentarla como un buen vividero, donde sea posible convivir pacíficamente.

Es contradictorio que a quien más le cuesta respetar, valorar, apreciar y cuidar el ecosistema, es a los humanos. Sospecho que las causas son múltiples, complejas, culturales, sociológicas etc. pero también, profundamente emocionales; razón de más para comprender, por qué es tan difícil respetar el medio ambiente. No valoramos, ni respetamos en serio nuestra propia vida. No tenemos cultura del auto cuidado personal y por ello, cuesta tanto el cuidado con el eco sistema.

El auto cuidado personal no es propiamente nuestra especialidad, por razones profundas y dolorosas de nuestra historia personal y familiar, a veces tan ignorada, tan poco explicitada, tan poco consciente. No hay duda que en esa historia hay lo que se denominan, heridas de la infancia, que tienen un impacto emocional en la vida adulta.

¿Cada quien podría leer en su infancia, emociones asociadas a dichas heridas, por razones muy diversas, pero en todo caso, fruto de la experiencia primaria y fundamental, que son papá y mamá?

Estas son las heridas de la infancia: Rechazo, Abandono, Humillación, Traición, Injusticia. En la infancia hay más respuestas de las imaginadas, a las emociones dolorosas de la vida adulta. Para efectos de este escrito, me centraré, en aquellas emociones no procesadas de la infancia, que se traducen en la vida adulta, en “dolor de la vida” y que afectan fundamentalmente a la salud. A eso me refiero con el asunto del auto cuidado.

Son muchas las consecuencias de las heridas de la infancia que se experimentan como sensación de, “no me quieren”, “no merezco”, “no soy suficiente”, “me abandonaron”, “me quedaron debiendo abrazos”, “me compararon”, “me maltrataron”, “me falta fuerza para la vida”, “me quiero morir”.

“Dolor de la vida” es en la edad adulta, la incapacidad de comprender que la vida y la salud, se merecen. La vida y salud no son un discurso filosófico; ellas se despliegan en la actitud con la que tenemos o no tenemos fuerza para obrar, para vivir.

En concreto, ¿puede asociar su salud con, dormir bien, descansar, alimentarse bien, comer sanamente y a horas, hacer ejercicio, dejarse ayudar por la medicina, proteger su integridad física y emocional, tener metas, proyecto de vida, establecer relaciones sanas y afectuosas con quienes hacen parte de su círculo social (donde se privilegian su pareja, sus hijos, su familia extensa), apasionarse por su trabajo (proporcionando el tiempo y la energía para balancear lo labora y lo familiar), encontrar sentido a la vida y a la muerte, darle permiso en su vida al valor de la trascendencia, comportarse de manera ética y justa con usted y con los otros?

Sin duda el espectro del auto cuidado es amplio y merece ser visto, porque no tiene edad; todos lo merecemos; cada quien necesita concretarlo y gestionarlo responsablemente, en su propia historia. La cultura del auto cuidado, es preludio y requisito del cuidado de la casa común. La vida y la salud, son sagradas.