La situación energética y el desabastecimiento de agua.

Autor: Jaime Triana

Publicado: 22 Abr, 2024

En los últimos meses, la sequía comienza a afectar casi todos los rincones del país, a causa del fenómeno del niño.

En Colombia la falta de agua incide directamente en la generación de energía eléctrica. Históricamente las hidroeléctricas aportan entre el 60 y el 70% de producción de energía y las termoeléctricas entre el 30 y el 35%; los sistemas de energías limpias (eólica y paneles solares) representan un porcentaje muy bajo, entre el 5 al 7% lo que indica que se requiere una infraestructura de transmisión, para incrementar el uso de energías renovables que en su aporte al país, jueguen un papel preponderante en el sistema de interconexión eléctrica nacional.

El panorama para Colombia es desalentador, si se tiene en cuenta que el fenómeno del niño puede afectar dramáticamente el futuro. Observando la historia del fenómeno del niño registrado desde el siglo XX, se observan eventos dramáticos de sequía en los años 1982-1983, 1997-1998, 2015- 2016 y una de las sequías de más mayor afectación, se registró en 2015 -2016.

Cabe anotar que en este período, el gas para la generación térmica, representó un 58% y los combustibles líquidos como el ACPM, Querosene, Combustóleo y el carbón, representaron el 15% de la generación térmica.  Actualmente en el país están operando, fundamentalmente, 6 plantas a base de carbón; 4 plantas a base de gas natural y 2 a base de diesel; algunas otras, son móviles y por ser de menor generación, se utilizan de respaldo para cubrir picos de demanda.

Uno de los problemas serios al que se enfrenta actualmente Colombia, es que la producción de gas ha disminuido considerablemente debido a que no hay incentivos en la exploración y producción de gas, lo que ha hecho que el país comience a importar GNL (gas natural licuado) para suplir la demanda interna, sin que las reservas del país aumenten.  De esto se desprende que de continuar en esta tendencia de baja producción de gas y que el fenómeno del niño persiste en los años venideros, el país reduce su capacidad instalada de producción de energía eléctrica para la demanda que continúa en aumento.

Ahora bien miremos como ejemplo, el cambio de vehículos de combustión interna, a vehículos eléctricos.  Colombia tiene como meta para el 2025, que el total de vehículos eléctricos sea del 10%, cifra que se incrementa gradualmente hasta el 2035, donde se espera que todos los vehículos nuevos deberán ser eléctricos.

En principio, el plan suena muy interesante, sin embargo, la realidad confirma que hay asuntos por resolver, concretamente, la infraestructura de carga no es insuficiente. Faltan soluciones integradas que respondan si Colombia tiene la capacidad de producir la energía eléctrica requerida para alcanzar este logro, y a su vez, enfrentar problemas de índole natural, como el fenómeno del niño.

La situación actual es una alarma que llama a concertar cambios estructurales profundos, que deberán ser graduales, para que Colombia se actualice en materia energética de cara a la realidad de las sequías que pareciera que son cada vez más intensas. Sin embargo cualquier cambio toma tiempo, no se puede suspender ningún sistema de producción de energía eléctrica hasta que el nuevo sistema que se espera más eficiente, menos contaminante y que supla con seguridad la demanda requerida esté operando con toda certeza. Es decir suspender los sistemas de generación el que requieran el uso de combustibles fósiles es un riesgo que no debemos correr, o sea que debemos sumar y no restar. 

Sin embargo, las cosas que a primera vista se perciben como un panorama bastante “seco”, requieren optar por políticas públicas acordadas, que a mediano y largo plazo, aseguren tanto el suministro de agua, como la energía eléctrica necesarias para que estos “cambios” substanciales encuentren un país mejor equipado de cara a la tercera década de este siglo XXI.

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