¿Por qué votar?

Autor: Innovate Senior 5.0

Publicado: 26 May, 2022

Los miembros de Innovate Senior 5.0 decidimos formular y contestar esta pregunta, en vísperas de la crucial fecha democrática de la elección para presidente de Colombia 2022 – 2026.

Yo voto porque creo en la democracia. Creo que me permite expresar mis convicciones sobre lo que en mi parecer conviene a la sociedad colombiana.

En democracia los derechos van de la mano de los deberes. Frente a una sociedad que exige solo derechos, se requiere recordarle sus deberes. Votar es más un deber que un derecho. Cuando la democracia se ve en riesgo, hay que saber defender verdades fundamentales.

El derecho al voto, en nuestra democracia imperfecta, es un regalo para poder expresar nuestro parecer político libremente y a conciencia. Es la forma de contribuir  a consolidar una sociedad participativa, que acoja a todos.

No perdamos la oportunidad para conformar una sociedad en fraternidad humana.

Votemos todos para que colectivamente decidamos el destino de nuestro país. Con la apatía por el voto, al no votar, solo contribuimos a no ser escuchados, a ser excluidos. Votar es más que un derecho, un privilegio. El privilegio de vivir en un país donde eres libre de expresarte, libre de escoger el líder que más satisfaga tus expectativas. Hay que votar para no perder este privilegio, para no perder esta libertad.

Debemos votar a conciencia y por conciencia con nuestro país. Esta es la oportunidad de asegurar a las presentes y futuras generaciones:

1. Mantener la libertad de acción.

2. Conservar la libertad de opinión y expresarla de forma contundente en las urnas.

3. Asegurar la cadena alimenticia en armonía con el desarrollo ambiental.

4. Permitir, favorecer e impulsar el desarrollo, la innovación en los distintos frentes productivos, con la convicción de saber a ciencia cierta que las inversiones que hagamos son para crecer y hacer sostenibles las oportunidades de nuestro país.

Cuando votamos construimos de manera directa el país que queremos; aún si por diferentes circunstancias estamos fuera de él.

Muchos salen del país diciendo borrón y cuenta nueva; sin embargo, llevan una historia de amores y dolores, y en no pocas ocasiones, heridas que permanecen ocultas, pero que están ahí, a flor de piel.  Esas heridas no nos excluyen de ejercer con libertad el derecho al voto. Pretender que como estoy lejos no tengo compromiso con mi patria chica es una falacia, hemos sido, somos y seremos colombianos en cualquier parte del mundo.

Estar fuera del país nos permite ver las cosas desde una perspectiva diferente, entonces tiene sentido usar el privilegio de votar; a la distancia participamos, es un compromiso personal y de familia. Amamos el país que nos dio todo, porque nos dio la vida y por ende nuestra identidad.

El objetivo de todo ciudadano en un Estado de derecho como el que tenemos, es sentirse y actuar en bienestar. Bienestar integral, económico y social.

Para lograr este objetivo, las sociedades idearon el Gobierno, al cual acceden personas que representan los intereses de los ciudadanos. Así el modelo es perfecto; pero ¿por qué no funciona para nosotros?

La respuesta la podríamos encontrar en la indiferencia de elegir a quienes nos representan.

Esta animadversión al voto  tiene varias miradas. Uno la historia de los gobernantes y la historia pasiva de los gobernados; dos, la intolerancia política que nos ha  mantenido en conflictos internos desde el siglo XIX; tres, la poca coherencia ética y moral de los que elegimos en minoría; y cuatro; la pereza política social, de generar cambios reales para asentar el bienestar colectivo.

Si queremos que la dirección de los gobernantes cambie, necesitamos tener una participación activa en la definición y elección de esos dirigentes. ¡Yo elijo, yo exijo!

Desde que tengo edad para ejercer mi derecho al voto, no he dudado en ejercerlo. Me siento orgulloso de reconocer en mi historia personal, cero abstenciones.

Al votar, siempre he ganado, y no necesariamente porque el/la candidato/a de mi elección haya salido elegido.

He ganado desde el derecho que me permite participar para elegir; es esa la mejor ganancia que nosotros, necesitamos preservar para seguir construyendo la democracia, incluso dubitativa, de un país que merece y necesita seguir siendo construido.

Votar es salir de la zona cómoda, de la indiferencia, del pesimismo, de la sensación de no merecer participar, de sentirse marginado.

La participación significa ser realistas, para elegir a un líder que aglutine las esperanzas de hacernos caminar colectivamente hacia la construcción  de un país menos corrupto, más equitativo y más capaz de convivir pacíficamente, donde dejemos de matarnos y permitamos, sin excepción, que la vida sea sagrada.

Nuestros hijos y nietos necesitan y merecen heredar un país extraordinario, donde hay grandes dificultades, pero donde abundan inmejorables posibilidades.

Sueño con la posibilidad de la educación y la conciencia política para derrotar la abstención.

Hay quienes ingenuamente votan por pasión, desconociendo las consecuencias de sus actos; otros lo hacen por compromiso o simplemente en contra de una idea, sin la conciencia de que el voto es una declaración íntima y sagrada de nuestra esencia y de lo que nos identifica como país; más aún, individualmente, define lo que queremos ser. Lo que podemos ser.

No asistir a este debate trascendental, es permitir que otros digan en qué debemos creer o cómo debemos pensar y actuar. Por eso, soy sólo yo con mi voto, el único responsable de definir las propuestas que me representan.

La diversidad ha sido una característica fundamental de nuestra esencia. Pero juntarnos a defender el bienestar de la nación nos tiene que unir para que los que no votan o no saben por quién lo están haciendo, terminen definiendo mis sueños e ilusiones. No asistir a las urnas es ser cómplice de la derrota de nuestro país.

Hacerlo es un acto de responsabilidad colectiva que contribuye a determinar el futuro de Colombia.

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