¿Preparados para el cambio climático?

Autor: Arie Klop

Publicado: 18 Nov, 2022

Hoy, 18 de noviembre, terminó la COP27, la cumbre internacional sobre el cambio climático, aunque los negociadores siguen trabajando en la declaración final. Durante casi dos semanas se reunieron especialistas, jefes de Estado, representantes de gobiernos, empresas y ONGs, para discutir sobre las políticas frente al cambio climático. Los resultados – como suele ser en este tipo de conferencias – parecen ser poco concretos y decepcionaron a más de uno.

Mientras eso sucedía en Sharm El Sheikh, un balneario lujoso en Egipto, en Colombia vivimos una temporada invernal que no da tregua, causando inundaciones y derrumbes que han cobrado vidas y daños económicos en casi todo el país. Vimos las imágenes de las calles inundadas de la ciudad histórica de Cartagena y los deslizamientos en la vía a La Calera, para mencionar solo dos emergencias.

¿Estamos preparados para enfrentarnos al cambio climático y sus consecuencias? Me refiero a las dos dimensiones de la lucha contra el cambio climático: uno, la mitigación, o sea los esfuerzos para limitar el aumento de la temperatura global a una cifra manejable (ojalá menos de 1.5°C) y dos, la adaptación, nuestra defensa y resiliencia frente a los efectos del cambio climático en la vida cotidiana, cuyas consecuencias crueles, estamos viendo en estos días.

La respuesta a esta pregunta no es sencilla y tiene muchos niveles. Está el nivel de política internacional que requiere un esfuerzo conjunto a nivel mundial y la COP27 nos mostró que no será nada fácil. Está también el nivel de las autoridades nacionales y locales, responsables de la infraestructura y el diseño de nuestras ciudades. Los que hemos viajado por el país sabemos que la infraestructura de Colombia no está preparada ni siquiera para un invierno suave y menos para olas invernales que cada vez serán más intensas por el cambio climático. La adaptación de la infraestructura, las construcciones y el diseño de las ciudades costará mucho dinero. ¿Estamos preparados a pagar este precio ahora? No hacer nada significa que pronto pagaremos el precio – mucho más elevado – de los desastres que hubiéramos podido evitar y será un precio que se cobra en vidas humanas, además del gigantesco costo económico.

En la misma semana de la COP27 se lanzó, “Perspectivas económicas de América Latina 2022: hacia una Transición Verde y Justa”, publicación de OCDE, CEPAL Y CAF en conjunto con la Comisión Europea: https://hdl.handle.net/11362/48426. En ella se plantea que “una transición verde y justa implementada con una visión sistémica podría ayudar a la región a superar sus “trampas” de desarrollo y a reforzar su resiliencia, mejorando a su vez el bienestar de los latinoamericanos. La región de América Latina y el Caribe (ALC) está muy expuesta a los efectos del cambio climático, por lo que los gobiernos deberían ver en la recuperación una oportunidad estratégica para emprender una transformación amplia y profunda”.

A otro nivel de intervención están las empresas: agropecuarias, agroindustriales, manufactureras, constructoras, mineras, energéticas, de transporte, de comunicación, bancarias, de comercio y de otros servicios. Las empresas – y más si se unen por sector – pueden dar respuestas a los retos del cambio climático, tanto en la mitigación como en la adaptación. Por ejemplo, el sector minero-energético, junto con los sectores manufacturero y de transporte puede buscar soluciones a la transición energética, reemplazando los combustibles fósiles por alternativas de cero emisiones: energía limpia (por ejemplo, solar y eólica), transporte eléctrico, con hidrógeno como combustible. El sector agropecuario y agroindustrial puede incorporar prácticas ecológicas y sostenibles en sus cadenas productivas: cero deforestación, agroforestería, agricultura orgánica, economía circular. Son solo algunos ejemplos. Los retos son grandes, pero las posibilidades son infinitas y creo que el sector empresarial encontrará respuestas.

Empresa que no está preparada para el cambio, desaparecerá por las leyes de la competencia, pero la pregunta clave es: ¿el consumidor está preparado para el cambio, para pagar el precio?

Entonces, llegamos al último nivel, el del consumidor, o sea todos nosotros. Como individuos somos consumidores o clientes de servicios y productos, tanto estatales como empresariales. No podemos simplemente señalar al gobierno o a la empresa privada como responsables del cambio climático y esperar que solucionen el problema por nosotros. La responsabilidad es de todos. Las soluciones están disponibles o en desarrollo, pero muchas de ellas requieren sacrificios. El sacrificio para el consumidor puede ser simplemente que un producto sube de precio cuando es más sostenible o separar desechos para facilitar su reciclaje, pero también puede requerir un sacrificio mayor como no salir de vacaciones en avión (por lo menos no cada año), dejar de consumir carnes y lácteos (o no todos los días), cambiar de casa para vivir más cerca de su trabajo o evacuar definitivamente una zona de alto riesgo, como las riveras de los ríos.