En Colombia aún tenemos familias con orígenes rurales y personas que tienen en propiedad una finca en algún lugar del país. Además de ser su propiedad, la finca suele ser una empresa, en especial, cuando se explota en actividades agropecuarias.
A pesar de que la finca pueda estar en un estado de abandono (parcial), suele tener el potencial de convertirse en una empresa productiva, por ejemplo como un destino de turismo de naturaleza.
Los hijos han avanzado: estudiaron, se volvieron profesionales o montaron negocios; conformaron sus propias familias y posiblemente viven en las grandes urbes.
Con el avance del tiempo y la edad de los progenitores surge la pregunta: ¿qué hacer con la finca cuando ya no estén ellos?
Solemos no concretar la respuesta a esta pregunta, por prudencia con los papás: “mi mamá está feliz en la finca”; “mi papá trabajó toda la vida para construirla”; “dejémoslo así”.
Pero, en realidad deberíamos encontrar la respuesta cuando todavía estén vivos.
Nos ahorrará muchos problemas más adelante.
Algunas de las acciones que se suelen tomar en familia, cuando fallecen los patrones y dejan una finca como herencia:
Repartir la finca; es la costumbre en familias rurales, especialmente cuando siguen viviendo en el área rural. Cada uno de los herederos toma su parte de la finca y construye su casa. Es la mayor causa de la atomización de la propiedad rural en Colombia y como muchos de estos procesos no se hacen de forma legal, más adelante causan conflictos jurídicos sobre la propiedad.
Entonces la finca entra en un proceso de sucesión, que suele ser muy largo y genera importantes gastos para los herederos: impuestos, honorarios legales, tarifas notariales, derechos de registro inmobiliario, entre otros.
Al final, se busca vender la finca y repartir las ganancias; el proceso de sucesión genera gastos.
El otro asunto, no resulta fácil vender una propiedad rural en la coyuntura actual de Colombia y después de pagar los gastos, las ganancias para cada uno de los herederos terminan siendo menos de lo esperado.
Por lo anteriormente expuesto, es recomendable encontrar una fórmula para organizar la herencia cuando los originadores de la familia aun estén con vida, buscando satisfacer las expectativas de todos y evitar gastos exorbitantes, siempre cumpliendo con las leyes y normas.
Una posible fórmula innovadora es la creación de una empresa familiar entre los herederos y transferir la propiedad de la finca a la empresa, antes de que fallezcan los progenitores.
De esta manera, se convierte el proceso en una transición generacional de una empresa familiar, asegurando la integridad y la pertenencia de la propiedad en la familia y se evita el proceso de sucesión, con sus altos costos.
Es pertinente definir bien los derechos y deberes en la estructura empresarial y el manejo de las acciones, para evitar que la empresa termina en manos ajenas a la familia.
Igualmente, es importante mantener el diálogo permanente entre los herederos, que a la vez son familiares (hermanos, parejas, hijos, sobrinos, primos) y accionistas de la empresa, lo que resulta en la combinación de objetivos económicos con emociones intrafamiliares, un cóctel potencialmente peligroso.
Algunos buscan ganancias rápidas y abogan por la venta de (parte de) la finca; otros quieren mantener el legado familiar intacto y buscan un manejo integral y sostenible de la finca, apuntando a una rentabilidad a largo plazo.
Si añadimos a esto que detrás de cada heredero/accionista de la finca hay otros familiares (conyugues, hijos, nietos), cada uno con sus propios intereses, podemos entender que el manejo de una empresa familiar de esta índole puede ser un reto.
Nuestro equipo de INNOVATE SENIOR tiene el conocimiento, las calidades y la experiencia para ayudar a usted y a su familia en la búsqueda de la mejor solución para su situación, cuando se trata de la transición generacional de una finca o una empresa familiar.




