Reflexiones sobre la capacidad emprendedora II

Autor: Edgar Ramiro Villamizar Bueno

Publicado: 1 Abr, 2023

Al terminar mi máster en Gerencia Profesional, me formulé la pregunta acerca de  cómo poner en práctica el sin número de conocimientos adquiridos durante la formación; me propuse concretarlos en mejorar aspectos de la organización en la que trabajaba. Como directivo responsable de esa área descentralizada, contaba con 950 colaboradores, de todos los niveles, un presupuesto anual de varios miles de millones de pesos y unas metas que superaban por lo menos 12 veces el presupuesto.

Así las cosas, al reintegrarme de mis vacaciones a las labores organizacionales, me centré en un tema que de manera especial, era objeto de mi reflexión: el capital humano y su relación laboral. Por qué las personas se emplean, por qué sólo unas pocas sueñan con independizarse y por qué otras, aún más pocas, logran concretar este proyecto de vida y disfrutarlo y prosperar. Sin duda, aún estamos en la transición entre la cultura de una formación para ser empleados y la cultura de la formación para ser emprendedores,  empresarios, innovadores.

El capital humano es la organización, pero cada ser humano es una historia y un mundo complejo, susceptible de descubrir nuevas posibilidades,  nuevas oportunidades. ¿Cómo ir más allá de ser empleado, como opción de vida?, ¿qué es lo que los líderes podemos inspirar en otras personas para que vean otras maneras de realizar un proyecto de vida, por ejemplo como emprendedor (a), aún en los tiempos posteriores a la jubilación?, ¿cómo tener proyecto  de vida afuera de la comodidad de pertenecer a una organización, por interesante que ella sea o parezca?

Desde mi formación en ciencias económicas y desde mi experiencia de vida y como profesional, me permití indagar sobre las posibilidades de sembrar semillas para crear empresa desde el proceso de formación en pre grado, como estudiantes y me encontré con una “realidad económica” que limita los deseos.

Por lo general, la formación adolece aún de generar una mentalidad, una cultura consistente, en temas relacionados con la “formulación y evaluación de proyectos empresariales” que incluya desde la idea de negocio, hasta la puesta en funcionamiento de esa idea. Recordaba mis clases al respecto y estaba convencido que muchos teníamos sueños, ideas brillantes de negocios. ¿Pero por qué no se concretaban?

Bastó llegar al final de la carrera, para proponer un emprendimiento como opción de grado. Con el amigo de clases propusimos la “formulación y evaluación de una empresa productora de tarjetas de circuitos integrados”. Vaya propuesta, fue aprobada sin mayores ajustes y la idea era muy novedosa para la época en Colombia. No había muchas empresas de esa índole. Para no hacer larga esta historia, ya había algunas organizaciones financieras, que patrocinaban proyectos de emprendimientos. Nos acercamos a vender nuestra gran idea y nos encontramos con una realidad que nos desilusionó. Nos pedían la administración del emprendimiento y nos “prestaban” un porcentaje muy bajo de la inversión total.

La pregunta al final era: ¿qué hicimos mal para no conseguir los recursos de inversión que necesitábamos?

Realmente no hicimos nada mal; por el contrario, nuestro ejercicio profesional fue bastante adecuado con los respectivos análisis de producto, competencia internacional, planta, logística en general y por supuesto la información financiera, entre otras.

¿Qué pudo haber fallado entonces?

Con el tiempo aprendí que cuando se enfoca uno en la idea como emprendedor, eso es lo que importa: materializar una idea, sin mercados, sin costos, sin ganancia, etc. Solo la idea. Eso lo aprendí en historia empresarial de muchos emprendedores exitosos. Por cierto, nuestro trabajo final de grado, en la maestría, fue sobre historia empresarial en Colombia.

Solo cuando la idea se materializa en “esto es lo que ideé”, solo allí se comienza a pensar en cómo fabricarlo, cuánto cuesta esa fabricación, quien lo compra, etc.

Por otra parte, ¿qué hace que unas personas lo logren y otras, solo sigan soñando como empleados, en tener una suma de dinero para independizarse? Es muy interesante constatar que existen creencias limitantes, según las cuales, solo se puede hacer empresa con grandes sumas de dinero o quedarse pegados a pensar en, cuánto dinero se necesita para hacer empresa? Esas creencias y expresiones,  tienen un peso significativo en nuestra cultura.

También he aprendido que el ser y su saber son parte fundamental para saber hacer un negocio. Varios fracasos de emprendimiento conocidos son las personas que llegan a su pensión, hoy en día muy activas y con necesidad de hacer para ellos y la sociedad. Allí es cuando piensan, ahora si tengo unos recursos financieros, ahora si quiero poner el negocio que he pensado toda la vida, ahora si tengo tiempo, ahora si… y el fracaso es total. ¿Pero por qué? El común denominador es invertir en algo que no se aprendió a hacer durante su vida “productiva” o se consumen los recursos en sólo ideas.

Finalmente, pareciera que el punto de inicio de una etapa emprendedora es una decisión de comenzar, de persistir, de hacer, de probar, de arriesgarse.

Así que no tema a despertar con sus ideas, aléjese de sus miedos, póngase en camino a hacer realidad sus sueños aplazados, recurra a las herramientas para construir futuro. Así lo hacemos e inspiramos en INNOVATE SENIOR.