Viajar para Aprender

Autor: Arie Klop

Publicado: 24 Mar, 2024

Nuestro Socio Innovador Arie Klop nos muestra una faceta de su vida y sus reflexiones con relación a la vida que ha llevado después de viajar a muchas partes del mundo.

Aprender no es solamente acumular conocimiento, datos o habilidades. Es también, entender el contexto en el cual se aplica. Dicho contexto puede ser una familia, una empresa, un país o un continente, pero el principio es lo mismo: para que nuestras acciones sean efectivas, tenemos que entender cómo se hacen las cosas en el sitio donde nos encontramos, cómo se comunican, qué está permitido y qué no, y qué esperan de nosotros. En otras palabras, hablamos de la dimensión cultural, algo que podemos encontrar en cualquier nación, organización o estructura social.

Cuando viajamos, entramos en contacto con paisajes, climas y culturas distintos a los nuestros y podemos aprender de ellos. Si el viaje es de corta duración, el contacto suele ser más bien superficial y en muy contadas ocaciones nos permite conocer la complejidad de una cultura distinta a la nuestra.

Si en cambio, viajamos a otro país para empezar una vida de expatriado o de migrante, el contacto es profundo y duradero y empezamos a conocer poco a poco las intimidades de la cultura local.

En algunas ocasiones nos encontramos con diferencias muy grandes, creencias y costumbres que están tan alejadas de las nuestras que nos cuesta entenderlas o aceptarlas. Por ejemplo, hace ya muchos años vivía en Chad, un país africano subsahariano donde la poligamia era legal y socialmente aceptada. Cada hombre podía tener, de manera oficial, más de una esposa, si así lo deseaba. En aquel país conocí a varios hombres con más de una esposa, algunos de ellos eran mis colegas y siempre era incómodo llegar a sus casas y que me presentaran sus múltiples esposas. Aprendí que era parte de su cultura y que no era mi lugar cambiarla, así que opté por respetar sus costumbres, sin entrar a evaluarlas pero tampoco aceptarlas.

No siempre las diferencias culturales son tan grandes y observables a primera vista. En otra ocasión, me movía para trabajar a un país latinoamericano que ya había visitado antes en plan de vacaciones y me había gustado, por lo que creía que trabajar y vivir allá era como estar en casa. Con el tiempo me di cuenta de que no era tan simple. Había diferencias culturales sutiles entre mis experiencias anteriores en América Latina y este nuevo país anfitrión. Me di cuenta de que llegué a vivir a ese país con ciertas expectativas basadas en mis experiencias pasadas, pero no estaba preparado para enfrentarme a una realidad distinta, aunque en menor grado. Ese despiste me llevó a juzgar mal algunas situaciones, y a tomar decisiones equivocadas con repercusiones en el plano laboral y personal. Aquello me enseñó a no confiar en mi primera impresión, y sobre todo a siempre estar alerta para aprender sobre mi entorno.

¿Qué lección hay aquí para emprendedores? Montar, mantener y dirigir una empresa es también un viaje, que muchas veces nos lleva a lo desconocido. En este viaje nos vamos a encontrar con personas con diferentes ideas sobre la vida, de diferentes culturas o creencias, o con costumbres que no son las nuestras. Algunas de estas personas pueden ser nuestros clientes, proveedores o empleados, pero no por ser ellos diferentes, podemos rechazarlos o juzgarlos. En cualquier empresa, como en cualquier viaje, tendremos que aprender a ser tolerantes con las diferencias: viajar para aprender – aprender para viajar.

En Innovate Senior 5.0 hemos aprendido a valorar esas diferencias que nos aportan nuestros socios y las aplicamos  a las personas y organizaciones que nos contactan para las diferentes evaluaciones.